Por Antonio Cordero

 

¿Por qué inculcamos devolución a otros héroes, casi todos falsificados, que tienen los defectos de Cortés pero carecen de sus cualidades?... El día que podamos colocar y respetar un monumento al principal impulsor de nuestra nacionalidad, encontraremos nuestra otredad, lo que nos falta. Nos sentiremos mejor. Será tarde, pero un error resarcido es un acierto doblemente satisfactorio. Habrémos revocado la pena de desmemoria y limitación a la que no sentenciamos nosotros mismos como pueblo y expiado la culpa que cargamos por haber olvidado, en los rincones más oscuros durante 500 años, los restos de nuestro principal benefactor. ¿Cómo tenernos exigirnos respeto si no remediamos nuestras faltas?