Alianza federalista o Brexit mexicano

4 de noviembre de 2020 - La Jornada Hidalgo

A golpe de leyes generales  y decisiones descaradamente centralistas, el sistema federal mexicano está atrofiado en su funcionamiento y políticamente desdibujado. El diseño constitucional de la República hace agua ante la perspectiva contradictoria de la Federación y la particular de las entidades federativas. Añadida a esa realidad está la pandemia con saldo mayor a noventa mil muertes frente a  la articulación de los tres órdenes de gobierno para gestionar su contención.

Cuando menos tres hechos  advirtieron la  urgencia de inscribir el problema en la agenda nacional: el éxodo en la Conferencia Nacional de Gobernadores, Conago; el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2021 y, la disputa por el agua en Chihuahua.  El desencuentro exhibió precariedad de coincidencias y acuerdos entre el ejecutivo federal y un grupo de gobernadores –todos opositores-, algunos de estados con gran potencial económico en el norte y el Bajío; hubo ausencia de política y otro raspón al Pacto. Fractura innecesaria, sin beneficiario.

Del reparto presupuestario se reclama disminución para proyectos locales después del dirigido a  programas sociales –ahora de base constitucional- y  obras insignia del gobierno nacional. La conformación de la Cámara de Diputados anunció un impacto poco favorable a las inversiones regionales.

Tercero y  trágico el conflicto en la presa La Boquilla: además de cobrar una vida humana dejó en entredicho la actuación de la Guardia Nacional en la protesta de los agricultores norteños; colocó en defensiva al gobierno de Chihuahua y alertó a la Fiscalía local por posibles responsabilidades de la institución policial federal; al final la Fiscalía General de la República ejerció penalmente contra seis efectivos.

Siguió el anuncio de los mandatarios estatales disidentes, de separar a sus  entidades del Pacto Federal, inconformes con las decisiones fiscales,  al que hubo respuesta presidencial de consultar a la ciudadanía su acuerdo con esta especie de Brexit mexicano. Las cosas subieron de tono.  

Como en muchas otras, el denominador común en esta tensión es la disfunción histórica del  federalismo mexicano originada por el avasallamiento, desde el centro, de una voluntad regional en muchos momentos timorata; distorsionada en el tiempo de la alternancia presidencial del año 2000 y  corrompida por las élites políticas provinciales, vergonzosamente en el manejo de dinero.

Conviene repensar nuestro modelo federal, precisar sus debilidades y fortalezas; recuperar experiencias exitosas y frustraciones, las provenientes del centro y de la periferia; señalar vacíos y contradicciones legales; trazar la reingeniería jurídica que lo actualice y haga funcional para remontar los grandes atrasos de la población menos favorecida; resolver en definitiva el acuerdo fiscal tantos años pospuesto; renovar espacios de análisis, discusión y diálogo para la toma de decisiones comunes y, muy importante: valorar viabilidad y pertinencia del Senado con su actual fórmula de conformación, en tanto órgano depositario de la representación político-legislativa de las entidades federativas.

El listado de posibilidades incluye revisar los procesos que en épocas  recientes debilitaron  la soberanía estadual arrebatándole facultades con la justificación que acusa incapacidad para  resolver procesos exclusivos de organismos y ciudadanía locales. Las materias electoral y  laboral son los ejemplos mejor acabados de ese trato de minoría de edad. 

Lo que de plano debe rechazarse es cualquier expresión separatista. Hay retos urgentes, tres en el ámbito de  seguridad: la interacción de la Guardia Nacional con autoridades locales y municipales; la homogeneidad en procedimientos de búsqueda e identificación de personas desaparecidas y, la eventual reforma al sistema penal acusatorio, incluida la construcción del Código Penal Nacional. Anotemos dos importantes: el desarrollo de las zonas metropolitanas previstas en la Constitución y una política exterior propia de cada entidad federativa que les inserte en la sociedad global de los negocios y el desarrollo científico y tecnológico.     

Es tiempo de curar las atrofias: paternalismo, descalificación e intromisión centralista; pasividad comodina y sumisión locales. El país no puede resolverse desde el Paseo de la Reforma, tampoco sobre  particularidades aldeanas. Se impone una mirada amplia, tanto como la extensión y diversidad de territorio y nación. Abramos el debate ya.

*Presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Hidalgo